El agua es un recurso único e insustituible, es base de la vida, las sociedades y las economías. El acceso a ella es también un derecho humano; sin embargo, 2200 millones de personas carecen de este acceso.

“La falta crónica de inversión en agua y saneamiento perjudica a una cantidad ingente de personas. Esto es inaceptable”, dijo este lunes el Secretario General de las Naciones Unidas con motivo del Día Mundial del Agua.

António Guterres añadió que si no se cuadruplican los esfuerzos e inversiones, no se podrá cumplir con la meta de lograr el acceso universal al agua para 2030, como lo marca la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible.

 No tiene precio

Como parte de la jornada, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) publicó el Informe de la ONU sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos Mundiales 2021, que atribuye el descuido y desperdicio del agua a que generalmente se piensa en ella sólo en términos de costo, sin percibir el inmenso valor que tiene y que ningún precio puede reflejar.

“Esta falta de conciencia sobre su papel clave para la existencia misma es la principal causa de su mal uso y desperdicio. Reconocer, medir y expresar el valor del agua e incorporarlo en la toma de decisiones son fundamentales para lograr una gestión sostenible y equitativa de los recursos hídricos”, subraya.

El estudio “El valor del agua” evalúa el estado actual y los desafíos para la valoración del agua en diferentes sectores y perspectivas e identifica formas en las que esta valoración puede promoverse como una herramienta para ayudar a lograr la sostenibilidad.

La UNESCO enfatiza la diferencia entre el precio, el costo y el valor del agua y argumenta que no se trata de una materia prima que pueda tratarse como un producto de consumo y negociarse en el mercado de valores.

Valor justo

“El reto consiste en asignar un valor justo a un recurso cuya importancia varía según los ámbitos de la actividad económica y los periodos, y que tiene en cuenta su dimensión social, medioambiental y cultural”, apunta.

Advierte que la tendencia del mundo moderno ha sido reducir el agua a su aspecto económico y señala que si bien no puede negar que tenga esa dimensión, el agua va mucho más allá de eso.

El informe recuerda que es un recurso necesario para la producción de alimentos, la generación de electricidad y diversos usos industriales, entre muchos otros usos humanos. Sin embargo, su valoración en términos de dinero infravalora o ignora aspectos difíciles de traducir en una cantidad monetaria.

Como ejemplo de esta imposibilidad cita los 443 millones de días escolares que se pierden cada año por enfermedades relacionadas con el agua.

Además, se refiere al rechazo de algunas sociedades o comunidades a otorgar un cariz económico a un líquido que es parte de la naturaleza y que sostiene la vida o que forma parte intrínseca de concepciones culturales o religiosas, como ocurre con algunos ríos o lagos sagrados.

 América Latina y el agua

En América Latina, se atribuye “un bajo valor” al agua, fomentando su sobreexplotación y contaminación, especialmente en un contexto de creciente inestabilidad climática.

El estrés hídrico de la región ha alimentado conflictos, ya que varios sectores, incluidos la agricultura, la energía hidroeléctrica, la minería e incluso el agua potable y el saneamiento, compiten por los escasos recursos.

Los costos del uso del agua o de su mantenimiento (una vez que se ha otorgado la concesión o el derecho a utilizarla), suelen ser nulos o insignificantes, dice el informe. El agua representa un “subsidio implícito” que no refleja su valor estratégico. Además, la mayoría de los países de la región “no han destinado suficiente financiación a la aplicación adecuada de la ley en los casos de contaminación y sobreexplotación”.

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