Los estereotipos negativos, los prejuicios y las percepciones negativas basadas en la edad de las personas no sólo conducen a una salud más pobre y al aislamiento social, sino que también le cuestan miles de millones de dólares cada año a todas las economías del mundo, alertaron este jueves cuatro dependencias de las Naciones Unidas, urgiendo a combatir la discriminación por edad.

En un nuevo estudio, la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales (DESA) y la Oficina de Derechos Humanos explicaron que el impacto de ese tipo de discriminación alcanza a los sistemas sanitarios, sociales y legales de los países.

Actitudes discriminatorias

El informe estima que una de cada dos personas en el mundo tiene actitudes que varían desde moderadamente hasta muy discriminatorias.

La Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos señaló que la discriminación por edad está presente en todos los grupos etarios, tanto jóvenes como mayores.

“Pero a menudo está tan extendido y aceptado en nuestras actitudes y en las políticas, leyes e instituciones, que ni siquiera reconocemos su efecto perjudicial sobre nuestra dignidad”, dijo Michelle Bachelet,

En muchos lugares de trabajo, tanto los adultos mayores como los jóvenes suelen estar en desventaja. Para las personas mayores, el acceso a la formación y la educación especializadas se reduce significativamente con la edad, mientras que la discriminación por edad contra los más jóvenes se manifiesta en áreas como la salud, la vivienda y la política. Las consecuencias de esta discriminación se traducen la falta de acceso a servicios básicos, así como a la participación en la toma de decisiones.

Bachelet instó a luchar contra la discriminación por motivos de edad, un lastre al que se refirió como “una violación de los derechos humanos muy arraigada en las sociedades”.

 El COVID-19 evidencia la discriminación por edad

Según el documento, la respuesta a la pandemia de COVID-19 ha revelado cuán generalizada es la discriminación por edad: las personas mayores y las más jóvenes han sido estereotipadas en el discurso público y en las redes sociales.

La edad se utiliza a menudo como el único criterio para el acceso a la atención médica, las terapias que salvan vidas y el aislamiento físico.

El director general de la OMS subrayó la necesidad de erradicar los estereotipos y discriminación a medida que el mundo sale de la crisis.

“No podemos permitir que los estereotipos basados ​​en la edad, los prejuicios y la discriminación limiten las oportunidades de asegurar la salud, el bienestar y la dignidad de las personas en todas partes en el proceso de recuperación de la pandemia”, enfatizó Tedros Adhanom Ghebreyesus

Por su parte, la directora ejecutiva del UNFPA citó la discriminación que enfrentan las personas mayores debido a factores como la pobreza, el género, las discapacidades o la pertenencia a grupos minoritarios.

“Hagamos de esta crisis un punto de inflexión en la forma en que vemos, tratamos y respondemos a las personas mayores, para que juntos podamos construir el mundo que todos queremos de salud, bienestar y dignidad para todas las edades”, exhortó Natalia Kanem.

El costo económico

Además del impacto en la salud y el bienestar, la discriminación por edad también cuesta miles de millones de dólares a las economías de todo el mundo.

El texto de la ONU cita un estudio de 2020 en Estados Unidos que mostró que los estereotipos de edad al igual que las autopercepciones negativas se traduce en 63.000 millones de dólares anuales en costos por las ocho condiciones de salud más caras en las personas mayores de 60 años.

En Australia, los cálculos indican que si un 5% más de las personas de 55 años en adelante estuvieran empleadas, habría un impacto positivo anual de unos 37.000 millones de dólares en la economía nacional.

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