Por Araceli Aguilar Salgado Periodista, Abogada, Ingeniera, Escritora, Analista y comentarista mexicana, del Estado de Guerrero, México. 

“La destrucción del medioambiente a causa de la contaminación de amplias regiones del planeta, los efectos de la desertización y del calentamiento global, imponen a nuestra conciencia la responsabilidad ante el futuro de la especie humana entera.” 

En 1977 se celebró en Nairobi (Kenia) la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desertificación, en la que se aprobó un Plan de Acción para la Lucha contra la Desertificación tras el fracaso del Plan de Acción de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, las naciones en desarrollo, encabezadas por los países africanos, insistieron en que se prestara atención a la desertificación durante los preparativos de la Cumbre de la Tierra de 1992.  

Finalmente, y después de duras negociaciones, en el Programa 21 aprobado en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (CNUMAD), celebrada en Río de Janeiro en 1992, se acordó pedir a la Asamblea General de las Naciones Unidas que instituyera un Comité Intergubernamental de Negociación (CIND) a fin de preparar un instrumento jurídico vinculante antes de junio de 1994, al cabo de trece meses de difíciles negociaciones en cinco periodos de sesiones celebrados en Nairobi, Ginebra, Nueva York y París. 

La Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación en los países afectados por sequía grave o desertificación, en particular en África (CLD), fue aprobada el 17 de junio de 1994 en París, con el consenso de más de un centenar de países, y se abrió a la firma en octubre de ese año, por lo que dicho convenio entró en vigor el 26 de diciembre de 1996, 90 días después de firmarse la 50ª ratificación, fue firmada por España el 14 de octubre de 1994, se expidió el instrumento de ratificación en enero de 1996 y su texto fue publicado en el BOE nº 36 del 11 de febrero de 1997, por el que adquiere el rango de Tratado Internacional de obligado cumplimiento para nuestro país, en septiembre de 2008, la habían ratificado o se habían adherido a ella 193 Partes. 

El objetivo de la Convención es luchar contra la desertificación y mitigar los efectos de la sequía en los países afectados por sequía grave o desertificación, en particular en África, mediante la adopción de medidas eficaces en todos los niveles, apoyadas por acuerdos de cooperación y asociación internacionales, en el marco de un enfoque integrado acorde con el Programa 21, para contribuir al logro del desarrollo sostenible en las zonas afectadas.

La consecución de este objetivo exigirá la aplicación en las zonas afectadas de estrategias integradas a largo plazo que se centren simultáneamente en el aumento de la productividad de las tierras, la rehabilitación, la conservación y el aprovechamiento sostenible de los recursos de tierras y recursos hídricos, todo ello con miras a mejorar las condiciones de vida, especialmente a nivel comunitario. 

Las áreas temáticas que son sugeridas para los programas de acción nacionales son las siguientes: 

  • Aumento de las capacidades, educación y concientización pública, cooperación técnica, científica y de los recursos y mecanismos financieros; 
  • Seguridad alimentaria y desarrollo sostenible de actividades y gestión sostenible de los recursos; 
  • Planes de emergencia para mitigar los efectos de la sequía; 
  • Sistemas de información, evaluación, seguimiento, alerta temprana de las áreas propensas; 
  • Biodiversidad; 
  • Aspectos demográficos interrelacionados con los procesos de desertificación y sequía. 
  • Marcos institucionales y jurídicos adecuados, con especial énfasis en la descentralización y participación social. 

La desertificación es la degradación de la tierra en las zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, está causada fundamentalmente por la actividad humana y las variaciones climáticas, este proceso no hace referencia al avance de los desiertos existentes, la desertificación se debe a la vulnerabilidad de los ecosistemas de zonas secas, que cubren un tercio de la superficie del planeta, a la sobreexplotación y el uso inadecuado de la tierra.  

Lucha contra la desertificación: Actividades que forman parte de un aprovechamiento sostenible e integrado de las tierras de zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas y que tienen por objeto: 

  1. La prevención o la reducción de la degradación de las tierras, 
  2. La rehabilitación de tierras parcialmente degradadas, y 
  3. La recuperación de tierras desertificadas. 

Sequía: Fenómeno que se produce naturalmente cuando las lluvias han sido considerablemente inferiores a los niveles normales registrados, causando un agudo desequilibrio hídrico que perjudica los sistemas de producción de recursos de tierras. 
Mitigación de los efectos de la sequía: Actividades relativas al pronóstico de la sequía y encaminadas a reducir la vulnerabilidad de la sociedad y de los sistemas naturales a la sequía en cuanto se relaciona con la lucha contra la desertificación. 
Tierra: Sistema bio-productivo terrestre que comprende el suelo, la vegetación, otros componentes de la biota y los procesos ecológicos e hidrológicos que se desarrollan dentro del sistema. 
Degradación de las tierras: Reducción o pérdida de la productividad biológica o económica y la complejidad de las tierras agrícolas de secano, las tierras de cultivo de regadío o las dehesas, los pastizales, los bosques y las tierras arboladas, ocasionada, en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, por los sistemas de utilización de la tierra o por un proceso o una combinación de procesos, incluidos los resultantes de actividades humanas y pautas de poblamiento, tales como: 

  • La erosión del suelo causada por el viento o el agua, 
  • El deterioro de las propiedades físicas, químicas y biológicas o de las propiedades económicas del suelo, y 
  • La pérdida duradera de vegetación natural. 

Zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas: Aquellas zonas en las que la proporción entre la precipitación anual y la evapotranspiración potencial está comprendida entre 0.05 y 0.65, excluidas las regiones polares y subpolares. 
Zonas afectadas: Zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas afectadas o amenazadas por la desertificación. 

La desertificación se considera una disminución irreversible a escala temporal humana de los niveles de productividad de los ecosistemas terrestres, como resultado de su sobreexplotación o uso y gestión inapropiados en zonas áridas y proclives a la sequía, la pobreza, la inestabilidad política, la deforestación, el sobrepastoreo y las malas prácticas de riego afectan negativamente a la productividad del suelo. 

La materia requiere una importante atención aún más especial en estos tiempos, considerando la situación de COVID-19, acciones basadas en la comprensión clara de los derechos, recompensas y responsabilidades en la gestión de la tierra puede ayudar a abordar las consecuencias de COVID-19 al abordar uno de los principales factores ambientales de los brotes emergentes de enfermedades infecciosas como es la pérdida de biodiversidad.  

Las medidas de recuperación y restauración pueden ayudar a restablecer servicios de los ecosistemas que se habían perdido a causa de la desertificación. La restauración pretende devolver los ecosistemas a un estado anterior con todas sus funciones y servicios, mientras que la rehabilitación intenta reparar partes concretas de los sistemas, para recuperar la productividad de los ecosistemas. 

Algunas de medidas de restauración y recuperación de los ecosistemas serán: 

  • Crear bancos de semillas 
  • Reintroducir determinadas especies 
  • Contener la erosión a través del abancalamiento y otros medios 
  • Aportar nutrientes al suelo 
  • Plantar árboles 

Al mismo tiempo, fortalecer la resiliencia de nuestros sistemas alimentarios e hídricos puede ayudar a reducir los efectos de la pandemia en la pobreza mundial y la inseguridad alimentaria cabe expresar que la experiencia ha demostrado que los esfuerzos aislados no bastan para atender a la complejidad del problema, y por ello,esta Convención resulta un importante esfuerzo de cooperación internacional, por lo que está en los Países saber valorarlo. 

“Ningún país puede escapar al cambio climático y sus consecuencias: tormentas, inundaciones cada vez más devastadoras, sequías, pérdida de cosechas, incendios, desaparición de glaciares, desertización, etc. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha elaborado un informe en el que alerta de que nuestro planeta vive una secuencia de fenómenos climáticos extremos sin precedentes.” 


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